Gris

Gris. Porque no es negro, pero tampoco es blanco. Gris como el humo, que no impide la visión, pero la limita.

Hoy las cosas son grises. Donde sea que mire, hay gris alrededor. Un gris lejano, ajeno, pero que no me queda otra que hacer mío. Un gris que justo cuando empieza a aclararse, se oscurece con más fuerza, fiero e intratable.

Un gris que me sigue en las caras de los que importan. Un gris que no ahoga, pero que no deja respirar. Que se mantiene distante, pero me sigue como una sombra.

Un gris que no pelea, no me habla, no contesta. Un gris frustrante que me lleva a enterrar la cabeza en la almohada y gritar a todo pulmón por primera vez en… la vida.

Y es gris porque no puedo. Porque quiero, pero no depende de mí.

Y mientras el gris me detiene, me mantiene atrapada en esta especie de limbo, otros se hunden en el negro, y no puedo hacer nada más que mirar.

Adiós

En costa lejana

y en mar de Pasión,

dijimos adioses

sin decir adiós.

Y no fue verdad

la alucinación.

Ni tú la creíste

ni la creo yo,

«y es cierto y no es cierto»

como en la canción.

Que yendo hacia el Sur

diciendo iba yo:

«Vamos hacia el mar

que devora al Sol».

Y yendo hacia el Norte

decía tu voz:

«Vamos a ver juntos

donde se hace el Sol».

Ni por juego digas

o exageración

que nos separaron

tierra y mar, que son

ella, sueño y el

alucinación.

No te digas solo

ni pida tu voz

albergue para uno

al albergador.

Echarás la sombra

que siempre se echó,

morderás la duna

con paso de dos…

Para que ninguno,

ni hombre ni dios,

nos llame partidos

como luna y sol;

para que ni roca

ni viento errador,

ni río con vado

ni árbol sombreador,

aprendan y digan

mentira o error

del Sur y del Norte,

del uno y del dos!

 – Gabriela Mistral