Multiverso

Yo no entiendo mucho de esos temas científicos, vos me conocés mejor que nadie y sabés que la lengua se me traba cuando quiero hablar de átomos y partículas y empiezo a mezclar conceptos hasta que no me queda otra que reírme de mi propia estupidez. Pero vos sabés que el otro día medio cacé al vuelo algo que un par de estudiantes de alguna carrera dificilísima estaba discutiendo en el bar de la esquina y me quedé pensando mucho, tanto que más tarde me dio un dolor de cabeza tal que me tuve que tomar un analgésico y derechito a la cama. Al día siguiente me levanté fresca como una lechuga y seguí con mi vida normalmente y no fue hasta recién, que escuché tu nombre por accidente que me puse a pensar de nuevo. En realidad no era tu nombre, era el de alguien que se llama como vos, por eso a mí no me suena totalmente como el tuyo (porque para mí el tuyo siempre va a ser distinto), pero no me quiero desviar mucho del tema porque te quería decir algunas cosas antes de que me vuelva el dolor de cabeza y tenga que cambiar el ataque de sinceridad por unas pastillas y el sueño.

Mirá, quiero ser lo más sucinta posible así no te distraigo de lo que sea que estés haciendo, que seguro es más importante que esto que tengo que decir porque ya pasó el momento y ya ni te acordás de algunas cosas y capaz que ni de mí, pero bueno, yo lo digo y vos de última elegí si le prestás atención o lo dejás pasar que no me voy a ofender porque sé que tiendo a hablar y hablar sin parar y a veces me cuesta llegar al centro de la cuestión.

Lo que estos estudiantes comentaban es que hay una teoría que dice que en realidad el nuestro no es el único universo, y que hay otros paralelos con sus propias líneas temporales (o al menos creo que ese es el término que usaron). Al principio pensé que estaban hablando de una película de ciencia ficción y seguí tomando mi café negro amargo como me gusta a mí sin prestarles demasiada atención. Pero en seguida dijeron algo así como que en cada uno de esos universos hay una versión de nosotros mismos, sólo que distinta supongo que por esto de las líneas temporales. Después empezaron con los agujeros negros y no sé qué cosa y ya me perdí, pero viste que cuando algo me queda en la cabeza como que empieza a maquinar sola y yo solamente puedo rezar para que pare antes de que se atasquen los engranajes y empiece a echar humo y me vuelva a doler.

Como te dije antes, pasaron unos días hasta que hace un ratito nomás una señora retó al nene llamándolo por su nombre de pila y bueno, el resto ya te lo expliqué: por alguna razón conecté ese nombre igual al tuyo pero que no es el tuyo con esto de los universos y empecé a imaginar que existían muchas copias de vos, pero que no eras vos porque están en otro lado. Y si hay muchos vos, hay muchas yo y muchos todos, no sé si me seguís.

Y qué sé yo. Mirá si en esos universos nunca coincidimos, porque vos justo te agachaste para atarte los cordones cuando yo te pasaba por al lado o yo decidí quedarme un rato más en la cama o ese día los dos teníamos turnos en diferentes dentistas, uno en cada punta de la ciudad. Mirá si al final yo me acobardaba y ponía una excusa para no ir a esa cita concertada por Internet y me quedaba viendo series y comiendo helado. Y mirá si vos me veías desde la ventanilla empañada del colectivo y no te gustaba y seguías de largo para bajarte tres cuadras más allá y volverte a tu casa. Hay tantas posibilidades que si sigo enumerándolas no termino más.

Pero también hay de las otras, sabés, y creeme que esas no son tan fáciles de imaginar. Sobre todo porque ya lo hice en su momento y ya debería parar y tanta agua bajo el puente y etcétera etcétera.

Pero imaginate sólo por un segundo que en uno de esos mundos yo te abrazaba un poquito más, o con más fuerza. Que en vez de mezquinarte las sonrisas te las regalaba abiertamente. O que un día me levantaba cruzada y se me daba por dejarte primero. Imaginate que una yo (o una de mí, no estoy segura de cuál es la construcción gramatical correcta) menos racional y mucho menos orgullosa te decía todo así sin pelos en la lengua o lloraba si era necesario llorar o se daba vuelta a mitad de cuadra para pispear si te habías quedado mirando cómo me iba. O quizá no decía nada y te olvidaba al otro día sin mayor escándalo. Imaginate que en algún mundo igual pero distinto vos me dabas algo más de tiempo para acostumbrarme. O que nunca me decías nada de nada y eso que había entre nosotros se iba agotando poco a poco, como se marchita una flor.

Ya mencioné antes que a lo mejor no te iba a gustar escuchar todas estas cosas y la verdad es que no te culpo, pero si no las digo ahora no las digo nunca más y estoy un poco harta de andar guardándome todo. En realidad estas divagaciones no tienen más sentido práctico que el de la catarsis lisa y llana, porque nunca vamos a saber si hay más universos que este, y aun si se probara alguna vez sería irrelevante para vos y para mí y para todos los que estamos acá. Pero tengo que confesarte que pensar en todas esas variables me hace sentir un poquitito mejor. Ni yo sé explicarlo muy bien, pero saber que tal vez todas esas cosas pueden haber pasado me hace tener algo de esperanza. Porque si hay aunque sea una sola versión de mí capaz de olvidarte, entonces significa que hay alguna otra que no ha tenido que hacerlo, y otra que nunca te conoció ni tuvo que llorar lo que yo, y otra que seguramente lo hará más adelante.

Y si por alguna de esas casualidades en algún lugar recóndito del cosmos vos todavía me querés y seguís disfrutando de los domingos en mi compañía; si todavía te me acercás por detrás para abrazarme de repente y mi cepillo de dientes sigue ahí donde vos decidiste ponerlo, entonces hoy me puedo ir a dormir un poco más tranquila, porque ésa es al menos una consciencia con la que ya no tendré que cargar, o por lo menos por ahora.