Felicidad

Estaba sentado en el piso del pasillo de su casa, con la cabeza enterrada en las manos. Escuchaba el tictac del reloj, que parecía ir más lento que nunca. La ansiedad le carcomía los nervios y el corazón le latía en la boca. Por fin se abrió la puerta y ella salió del baño con el test en la mano.

—Es positivo –dijo.

Shock.

Tictac, tictac.

La sonrisa le creció del pecho hasta la cara.

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